MUSEO EVITA PALACIO FERREYRA
CLAUDIA SANTANERA
PROYECTO NUNSACAT
Nunsacat tiene por objetivo acercar el pasado y el presente a través de una práctica ancestral de tejido en palma que se ha mantenido viva a través de los siglos. Nuestro trabajo recupera la técnica originaria y se inspira en los patrones de crecimiento de la naturaleza para contar su historia a través del intercambio entre el arte y la artesanía.
Nunsacat en lengua sanavirona significa pueblo azul y hace referencia a uno de los primeros nombres que recibiera este valle fértil habitado desde hace varios miles de años. La historia de este pueblo comienza a revelarse desde su propio nombre.
Nunsacat es un proyecto que hace foco en la creatividad y en las diferentes maneras de hacer visible esta actividad para ponerla en valor y comunicar la historia de una comunidad y de su tradición cestera. Aspira a consolidar un ecosistema de trabajo sostenible fundado en valores que aporten soluciones innovadoras frente a los desafíos ambientales, económicos, culturales y sociales del presente para mejorar las oportunidades futuras.
Esta forma de trabajo se remonta a las expresiones originarias de elaboración de objetos para uso cotidiano tales como redes de pesca o cestas para conservar los alimentos, y ha quedado impresa en la memoria de las primeras piezas de alfarería globular.
La forma sustentable de utilización de la palma ha contribuido a la conservación de una especie actualmente amenazada por los incendios estacionales y la agricultura intensiva.
En los últimos cuatro años, dos incendios sucesivos, uno en el 2020 y otro durante el mes de septiembre del 2024 han dejado secuelas de gran impacto ambiental y económico para las familias que viven de su trabajo artesanal en cestería. Esta situación crítica nos interpela profundamente a la hora de pensar nuestra actividad no solo en un futuro inmediato, sino a mediano y largo plazo.
Fotografías de Nadia Cánepa Varela
La presente muestra en el Museo Evita, Palacio Ferreyra nos ofrece la oportunidad de compartir una serie de piezas que reflexionan acerca del contexto actual del territorio donde llevamos adelante nuestro trabajo y los desafíos medioambientales a los que nos enfrentamos a nivel global.
En tal sentido, el proyecto que da nombre a la muestra, está pensado como una plataforma expandida que vincula diferentes campos de trabajo e investigación aplicada en torno a los ejes temáticos que nos comprometen tales como las nociones actuales de modelos sostenibles, regenerativos, inclusión, identidad cultural, co creación y economía circular.
PRIMER CAPÍTULO
¿Quién puede decir de qué carne estoy hecho?
Es una instalación localizada en el hall de ingreso del Museo Evita Palacio Ferreyra. Los incendios aledaños al pueblo de Copacabana en el año 2024, orientaron nuestro trabajo hacia una reflexión en torno a la problemática del fuego y sus consecuencias para la zona. Por tal motivo, la obra imaginada inicialmente para este espacio que estaba tejida completamente en palma, se transformó en un esqueleto de madera calcinado y en un poema.
SEGUNDO CAPÍTULO
Echar raíces, hacerse tierra y pueblo
En lo profundo del norte de las Sierras de Córdoba, donde el paisaje se entrelaza con la historia y la memoria de sus habitantes, manos artesanas transforman las fibras naturales en el presente de este territorio que se imagina y permanece en ellas.
La obra explora el universo de la primera forma de tejido. Aquel que aumenta alrededor del propio centro. Su gesto simple y su ritmo hipnótico, donde cada vuelta configura una galaxia, una sucesión de olas o el corazón de un fruto.
A través de un ejercicio sin medida, de andar el monte, tocar las hojas, conocerlas y unirlas unas con las otras, el artesano instaura un orden creador para dejar la huella de un saber que se mantiene vivo y trasciende el tiempo.
El tejido de la palma configura la unión de identidad y geografía. Las texturas, los colores y las formas son parte de los bosques nativos, el viento y los cauces secos de los arroyos de montaña. Echar raíces, hacerse tierra y pueblo es una manera de explorar la vida y las costumbres. De habitar la casa y hacer los cestos para conservar el alimento.
Esta instalación está conformada por cuatro frutos conectados por un sistema rizomático de raíces, tallos y zarcillos tejidos en palma, se enmarcan en un Programa diseñado por el Museo Evita denominado Hackear la Colección. En esta oportunidad esta forma de paisaje tridimensional llega para quedarse entre las obras de grandes maestros del paisaje de la Sala H.
Inspirado en la fórmula fantástica de una naturaleza que se vuelve incontrolable, que crece y desborda su tamaño y apariencia habitual en un abrir y cerrar de ojos, la obra se propone cruzar las fronteras de la realidad y de la Sala H del museo para sumergirnos en un horizonte de preguntas frente la existencia de un universo vegetal que se abre paso ante los riesgos y resiste. Así como el rizoma que conecta puntos con otros, toma diferentes direcciones y constituye multiplicidades, esta propuesta se sustrae a lo individual para trabajar desde un lugar colectivo. Su objetivo es trazar líneas de fuga, generar encuentros inesperados con personas de diferentes procedencias y miradas. La obra abandona la comodidad del interior y se lanza hacia los jardines del Museo Evita a través de los ventanales del segundo piso. Toca la tierra para convertirse nuevamente en semilla.
TERCER CAPÍTULO
Hay un jardín bajo la tierra
Claudia Santanera propone una acción colectiva de enterramiento de su obra Echar raíces, hacerse tierra y pueblo, compuesta por piezas tejidas por tejedores de Copacabana con hoja de Palma Caranday.
El mito de Perséfone es un canto paradójico: lo que se ausenta es garante absoluto del renacer. Iluminación del subsuelo, cavamos para participar en este ciclo perpetuo de las estaciones, los veranos, las lluvias, el tiempo de la siembra y de las flores.
El tejido, que se despliega como una trama de puentes entre la palabra, lo vegetal, y lo comunitario, retorna a la tierra y se incorpora a las temporalidades del museo y del jardín. Este proceso se constituye como un pliegue en la lógica de conservación propio de la institución museística quien, en lugar de ejercer una custodia para proteger lo inmutable, asume el papel de acompañar su dispersión mientras la materia orgánica se convierte en alimento para la vida radicular.
Hay un jardín bajo la tierra es el tercer acto de un ciclo iniciado en el 2024 y que a la inversa de una clausura, inaugura una escena subterránea, en solidaridad poética con lo no humano, en transformación más allá de toda transparencia. En el contramundo de la luz, al abrigo de la noche, testigo de corrientes secretas, compañía del sustrato primordial. Santanera traza un gesto de celebración de la continuidad de la vida en sus formas más diversas. Su trabajo se convierte en lombrices, en polvo, en alimento para los insectos, en una escritura emancipada hacia las raíces.
Indira Montoya













